














Hay un instante, justo antes de que la luna desaparezca del todo, en el que solo queda un filo de luz. Ese filo es Umbra.
Una media luna forjada a mano, con esa textura irregular que solo dejan los golpes de martillo y el tiempo, cuelga de una larga cinta de seda anudada con una perla de arcilla. No es una luna perfecta, y por eso es real: tiene arrugas, tiene sombras, tiene el brillo desigual de lo que se ha hecho con las manos y no con un molde.
La llevas larga, casi rozando el pecho, como quien guarda algo cerca del corazón sin necesidad de enseñarlo del todo. Disponible en plata y en oro, sobre seda en tono gris niebla o arándano negro.
Para los días en que también tú necesitas ocultarte un poco antes de volver a brillar.